Las comidas de Martina son una odisea. Ella es tan resuelta que ya no me permite que la dé de comer y las consecuencias a la vista están: la mesa acaba como un cuadro de Miró, el parqué se llena de agua, una capilla pegajosa de color indefinido se apodera de la trona y, lo peor de todo, es que de las 10 cucharadas que llena solo 4 consiguen su destino final. Pero “ella experimenta”, como me dicen en la guardería, así que se supone que vamos por buen camino… Sigue leyendo
El arte de comer (sin tirarse de los pelos)
10
