El arte de comer (sin tirarse de los pelos)

Las comidas de Martina son una odisea. Ella es tan resuelta que ya no me permite que la dé de comer y las consecuencias a la vista están: la mesa acaba como un cuadro de Miró, el parqué se llena de agua, una capilla pegajosa de color indefinido se apodera de la trona y, lo peor de todo, es que de las 10 cucharadas que llena solo 4 consiguen su destino final. Pero “ella experimenta”, como me dicen en la guardería, así que se supone que vamos por buen camino… Sigue leyendo

«Tele-abuelo, ¿dígame?»

Sin ellos todo sería mucho más complicado. Nos echan una mano cuando las fuerzas nos abandonan después de habernos levantado 30 veces en esas maravillosas noches de mocos perennes; se quedan con ella para que, de vez en cuando, nos percatemos de la persona que tenemos al lado y disfrutemos de nuestra pareja como eso, nuestra pareja, y no como el padre de nuestra hija; nos llenan la nevera de tuppers caseros; se preocupan por su educación (a mi padre solo le falta comprarle la camiseta blanca y roja del Sevilla Fútbol Club para introducirla en lo que, según él, es cultura) y no descuidan su fondo de armario (si no la freno, mi madre me la convierte en la Suri Cruise española). Sigue leyendo