Llevaba mucho tiempo con la idea de este post en la cabeza y finalmente mi padre ha sido el que me ha dado el empujón final al mandarme uno de esos power point con imágenes de paisajes en tonos pastel y música new age que normalmente suelen caer en el olvido de mi bandeja de entrada… Pero esta vez, no. Me detuvo su título: “Elogio de la lentitud”. Lo abrí y allí estaba Carl Honoré, el impulsor del movimiento slow y autor de obras como Elogio de la lentitud y Bajo Presión. Yo ya había oído hablar de él, pero reconozco que nunca había profundizado en sus ideas, así que esta noche he decidido parar el reloj y dejarme llevar…
Si un extraterrestre analizara mi día a día lo primero que le llamaría la atención es lo rápido que lo hago todo: desayuno rápido; me ducho a la velocidad de la luz; llevo a Martina a la guardería, sin prisa pero sin pausa; vuelvo a casa, con más prisa que pausa; hago las camas; recojo la cocina; saco del congelador el tupper de la cena de Martina; y pongo una lavadora (todo lo hago como si me estuvieran persiguiendo) y, por fin, me siento al ordenador a trabajar (¿por qué esa manía de pinchar el botón de “enviar y recibir” de manera compulsiva?). Y yo soy una periodista reconvertida en profesora de español que tiene una hija; no soy ninguna ejecutiva con empleados y tres hijos a su cargo…
En nuestra sociedad la gente va acelerada por la calle, la carretera, el metro, el supermercado, el gimnasio e, incluso, en los museos. Lo normal es que nuestra mente salte de un pensamiento a otro; que siempre esté activa. Pero ¿esto es bueno? Está claro que no. El cerebro rinde mucho más si puede desacelerar. Además, la calma interior mejora la salud y la concentración (hay investigaciones que confirman que el ser humano piensa más creativamente cuando está sereno). Y sobre todo, mejoraríamos nuestra relación con el de al lado. La gente no estaría tan estresada y, en consecuencia, tan agresiva.
Uno de cada seis españoles sufre estrés. Siete de cada diez se sienten cansados y casi sin hacer nada, mientras que la otra mitad no tiene tiempo para hacer lo que realmente le apetece. Mi truco, cuando noto que me acelero, es ponerme música clásica. Imprescindibles: la música antigua de Jordi Savall, “Concierto para dos violines de Bach” (cada vez que la escucho me viene a la mente la impresionante escena de “Hijos de un Dios menor” en la que William Hurt intenta explicarle la belleza de esta música a su novia sordomuda) y “Gnossienne nº4” de Erik Satie (algunos la recordaréis por la película “El velo pintado”). Y últimamente también me he aficionado a los mantras de Snatam Kaur (influencia de mi hermano europeo-nepalí).
Vivimos en una sociedad en la que parece que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas (tanto la laboral como la ociosa) hasta límites explosivos. Y ya lo decía Bertrand Russell en su ensayo Elogio de la Pereza (1935): “Una jornada (laboral) de 4 horas haría al hombre más amable, la vida sería lenta, dulce y civilizada”.
Hemos perdido la capacidad de esperar. En el trabajo todo es para ayer (yo ya tengo claro que la mayoría se inventa los timings y califica como urgente lo que simplemente es importante). Pero lo peor de todo es que este “virus de la prisa” también ha contaminado el resto de esferas de nuestras vidas: comemos rápido, nos relacionamos rápido (¿No me digáis que no esperáis a que vuestros amigos os respondan al instante a vuestras llamadas/mails/whatsapps/tuits/posts/SMS…?) y disfrutamos de nuestro ocio rápido (corriendo a sacar las entradas del cine, aparcando rápido para ir al teatro…).
Y estas prisas también empobrecen la manera de educar a nuestros hijos. Como no tenemos demasiado tiempo para dedicarles, les enchufamos a la televisión. Error. Cada vez más especialistas relacionan la tele con el déficit de atención. Por lo visto, la extrema velocidad visual de la pequeña pantalla ejerce un efecto negativo en los cerebros infantiles-juveniles. Incluso he leído que un vídeo de Pokémon lleno de luces destellantes que emitió la televisión japonesa en 1997 causó ataques epilépticos a casi 700 niños… De media, los niños españoles ven la televisión cuatro horas al día. No creo que se vuelvan epilépticos, pero supongo que el tiempo que permanecen frente a la caja tonta redunda en su mente (la tele les hiperestimula, a pesar de ser agentes pasivos ) y en su salud (más sedentarismo=más problemas de peso).
Pero volvamos a Carl Honoré: «Lo que denuncio no es la rapidez en sí misma, sino que vivimos siempre en el carril rápido y hemos creado una cultura de la prisa donde buscamos hacer cada vez más cosas con cada vez menos tiempo, que hemos generado una especie de dictadura social que no deja espacio para la pausa, para el silencio, para todas esas cosas que parecen poco productivas. Un mundo tan impaciente y tan frenético que hasta la lentitud la queremos en el acto».
Hay que reaprender el arte de la lentitud. Yo estoy en ello.
Continuará…





Me ha gustado mucho tu entrada. La he compartido en facebook. Me siento identificada. No para de correr y me doy cuenta muchas veces que tengo que parar y mirar alrededor…..
Saludos
Sí, yo creo que en el fondo nos pasa a casi todos (al menos en Occidente). Es la enfermedad de este siglo. ¡Muchas gracias por compartirlo con tu gente!
Tienes toda la razón, vamos como locos, a veces por necesidad y otras por contagio de un ritmo que nos controla a nosotros, más que nosotros a él…yo hay veces que me siento acelerada, y tengo que parar a pensarme, por qué?, tomarme unos minutos, respirar, y volver a empezar con calma…
Durante un tiempo me he quitado el reloj, antes no paraba de mirarlo, está claro que puedo ver la hora en el móvil, pero ya no de manera compulsiva…
Incluso mis amigas de mi isla, a veces, cuando vienen a visitarme, me dicen que en Madrid hacemos las cosas muy rápido, creo que también influye la ciudad, te contagia la necesidad de prisa, y hay que ser conscientes para dejar de pisar el acelerador de nuestro cuerpo, y disfrutar del paseo de la vida.
Un besote, y un gran abrazo…me ha gustado mucho el post..
¡Muchas gracias Natalia! Yo hace muchísimos años que ya no llevo reloj, pero da igual porque, a veces, no saber qué hora es me genera más estrés que tranquilidad…¡De locos! Al final va a tener razón mi hermano, si todos meditáramos 10 minutos al día otro gallo nos cantaría…
Una entrada cargada de buenos argumentos y que invita a reflexionar. Yo hace tiempo que he empezado a rebajar la tensión y no me considero una víctima del estrés en estos momentos. Eso sí, aún tengo mucho margen para bajar la velocidad.
Me apunto a la jornada laboral de 4 horas de Russell!
Yo ahora tampoco me considero víctima del estrés, pero reconozco que desde que ha nacido Martina todo lo hago con prisa (antes, también, pero menos). Y no me gusta. El problema es que encima lo que me rodea está igual o peor que yo, por eso intento fijarme en gente que no siga este ritmo frenético de vida (hay poca, pero la hay). Y, sí, ¡Russell era un crack!
¡Qué bueno este post! Yo vivo demasiado deprisa, siempre lo hago todo corriendo y creo que no disfruto del momento. Mi marido, sin embargo, es una persona que vive despacio y te aseguro que se queda fuera de todo por la maldita dictadura de las prisas.
Para mí es imposible hacer ya las cosas despacio. Creo que tengo la enfermedad de las prisas.
La enfermedad de las prisas, desgraciadamente, la tenemos tantos… Pues tu marido me da envidia. Se sale de este sistema de locos que nos hemos inventado y del que cuesta salir. Como dices tú, se puede quedar fuera de algunas cosas, pero seguro que es mucho más feliz que muchas de esas personas que llenan sus agendas con tantas actividades y eventos que ni los disfrutan. Cópiale, ¡a ver si se te pega algo, mujer!
Yo soy una persona jubilada y estoy viviendo ahora la mejor época de mi vida, simplemente por la falta de estrés y la mayor lentitud de mi vida. No estoy de acuerdo en que no se puede cambiar en este aspecto. Por supuesto que cuesta, pero es cuestión de proponérserlo. Por lo pronto, propongo diez minutos al día de “meditación”, es decir, de intentar “parar el pensamiento”.(con o sin ,música).
Yo estoy jubilado y estoy viviendo ahora la mejor época de mi vida, libre de estrés y de cualquier tipo de tensión. Normal, por otra parte, dado que no trabajo (la principal fuente de estrés actual). Intento ser lo más lento que mi temperamento me permite. Y creo que siempre se puede cambiar. Es cuestión de proponérselo en serio. Se puede empezar con una “meditación” diaria de diez minutos (con o sin música).
Lo de la meditación diaria es mi asignatura pendiente. Hasta hice un curso (de un día) en un centro de meditación budista que hay en mi pueblo (Majadahonda), pero el problema es que ¡¡no encuentro tiempo para hacerla!! Sí, sí, sé que es una excusa, pero teniendo en cuenta que ya dormimos poco de por sí (Martina se ha aficionado a dormir solo 8 horas con algunas interrupciones nocturnas) me cuesta la vida tener que ponerme el despertador antes. Lo dicho: sé que es una excusa y que lo podría hacer. Supongo que el secreto radica en priorizar.
Eres vecina!(Yo de Las Rozas) y vivo a “matacaballo”…Lo malo que veo de vivir dónde vivimos es el coche para todo..las distancias son terribles y pierdes un tiempo preciosisimo.
Yo antes vivia en Madrid (a veces echo mucho de menos el centro….;) y los tiempos eran otros…No vivia especialemtne con lentitud (soy de naturaleza “animada”), pero si ahorraba en los recorridos.y eso para mi, ahora, es un lujo…
Mil veces me levanto y digo “esto no puede seguir así!!”…Tengo la sensacion de hacer nada y a la vez, no parar..Es una incongruencia agobiante muchas veces…..Y con niño ya se multiplica!! Corre al cole, de ahi bus al curro, de ahi vuelta a casa pasando por la farmacia a por nosequé (mientras mi madre, bendita ella, me ha recogido al peke), de ahi a casa de mis padres a por el niño (que a veces llego para su cena) y de ahi a casa con unas ganas terribles de tirarme en el sofa y mil tareas acumuladas por hacer…bufff..Me agoto cada vez que lo pienso..Y eso que soy una privilegiada por contar con mi familia!!…
Yo también votaria por una jornada de 4 horitas…trabajariamos mas y mejor! Contentos sabiendo que tenemos tiempo más que suficiente para dedicarselo a vivir..
Ahora mismo, reducir el ritmo, me parece un sueño dificil de cumplir…
No sabes la envidia (de la mala) que m da tu jornada laboral..Disfruta!.
Nosotros la verdad es que solo cogemos el coche para bajar a Madrid o nos desplazarnos a la sierra. Los dos somos autónomos y trabajamos mucho desde casa (o por los pueblos de España, en plan Alfredido Landa, en el caso de mi marido). En Majadahonda tenemos de todo (¡menos cines en versión original! Tenemos los únicos Renoir de España que no están en V.O) y a todos lados vamos andando (menos al Carrefour y esas cosas, claro). Yo no lo cambio por nada. La tranquilidad y el verde que hay aquí es impagable, para mí. Y te entiendo perfectamente. A mí no me da tiempo a nada y solo tengo una hija; así que tú con dos y currando, ni me imagino…¡¡Mucho ánimo vecina!!
No, no..yo sólo tengo uno (que vale por dos..jajaj). Y sí…lo que tú dices de las ventajas de los “pueblos” es verdad..sobre todo en el tuyo..que tiene de todo!! Yo lo tengo peor, vivo más aislada (cuaaanntas veces me he arrepentido de comprar donde compré…en fin), pero lo malo es trabajar en Madrid…Ahi se me va todo el tiempo.(Conciliación?..qué es eso?)
Yo también necesito añadir horas al dia!!
Voy a intenar leer lo que recomiendas y tratar de reducri mi ritmo un poquito!
Ah!vale, como veía tanto ajetreo de aquí para allá pensé que tenías dos… je, je. Las recomendaciones de Carl Honoré (sacadas de su libro “Elogio de la lentitud”) las pondré en la segunda parte del post… dentro de dos semanitas. ¡Un beso!
A mí me encantaría poder ir a todas partes andando…. Sin tener que coger el coche, pero es un lujo hoy en día. No me puedo quejar porque vivo en un barrio bastante verde y tengo una estación de metro a la que puedo ir andando (aunque a quince minutos de paseo) pero a veces la gran ciudad se me atraganta sobre todo desde que soy mamá. Tiene muchas ventajas desde luego pero el tiempo va muy deprisa si te tienes que mover dentro de ella.
En general yo soy de las tranquilas, si algo no da tiempo a hacerlo pues mañana se hará, (suelen ser cosas de la casa), pero veo esa “rapidez” de la que hablas a mi alrededor.
Hay que pararse un poco más y disfrutar la vida.
Buen día.
¡¡Qué suerte!! Yo, en las cosas de la casa, he bajado mucho el listón (antes guardaba todos mis zapatos en cajas forradas en etiquetas… Ahora, tal cual están los meto en el zapatero; y así todo), pero aún así reconozco que necesito 5 horas más cada día para que me dé tiempo a todo…
Hola, lo de las 5 horas más al día lo pienso yo a diario… Tengo 4 hijos y trabajo a tiempo completo a 60 km de casa. Nuestra única ayuda externa es una chica que viene a limpiar dos días a la semana. Creo que en época de crianza es difícil enlentecer el ritmo. No tengo prisa porque pasen los años, pero sí creo que llegará el momento en que de repente nos sobren las horas que ahora dedicamos a correr y eso querrá decir que nuestros hijos se han hecho mayores. Así que antes de que se nos escape el momento deberíamos detenernos de vez en cuando a disfrutarlo… sin prisa, a ser posible. Buen propósito para estas vacaciones!
Madre de Dios: ¡¡¡4 hijos y curras a 60 km de tu casa!!! ¿Y cómo lo haces?
Muy oportuno este post. Llevo una temporada haciendo serios esfuerzos por hacer sólo una cosa a la vez. Tranquilamente. Y me gusta. Abarco menos pero aprieto más. Por suerte aunque como la comentarista anterior también tengo cuatro fieras en casa yo trabajo a 0 kilómetros de mi casa. En cuanto consiga manejar el sprint mañanero para que todas lleguen al colegio esta casa será una balsa en agua dulce. O casi.
Cuando veo vuestros comentarios de madres de cuatro churumbeles no puedo evitar pensar cómo lo haría yo en vuestro lugar….Y, sinceramente, me cuesta visualizarme porque con una sola hija me da la sensación de que no llego a todo… Cierto es lo que comentas: una de las claves es abarcar menos y dejar de ser mujeres multitarea.
mi avatar, mi estres….qué te ha pasado?????
desde que me hice madre estresada virtual me rio más y me estreso menos
Un besito,
Je, je, je. Yo me río mucho, pero me sigo “estresando” igual… Y lo pongo entre comillas porque ahora el estrés de madre-trabajadora-bloguera es diferente al que tenía cuando exclusivamente trabajaba 10 horas diarias.
Pero es mejor o peor este estrés, me habéis dejado con la duda… Besos a ambas!
Me identifico totalmente.. gracias por la reflexión.. hace rato estoy que me leo este libro y no lo e logrado.. me prometo determe y sacra tiempo pronto para ello.
Yo tampoco me lo he léido, Zavilar. Lo tengo apuntado, junto con otros muchos libros máss; a ver si en una década de estas me da tiempo a hincarle el diente…
Que dificil es ir leeeeeeento… pero que delicioso y satisfactorio cuando nos damos el regalo !!! Gracias por escribirlo, y compartirlo.
¡Muy difícil! Sobre todo, viviendo en una gran ciudad donde el ritmo frenético te engulle…¡De nada!
Namaste,
hablando de pausas, doy sesiones de meditacion con los cuencos tibetanos, soy el hermano europeo-nepali que comenta mi hermana Laura
Estare por Madrid las 2 ultimas semanas de Julio. Para aquellos interesados mandarme un correo a chuch3@gmail.com y os aviso cuando de una sesion en Madrid.
Como decimos en Nepal: Take your time but don,t be late
Shanti shanti
Así me gusta, hermano, que aproveches mi blog para hacerte publicidad…
He de decir que yo ya me he hecho dos terapias (una yo sola y otra en grupo) y me han encantado. Tienes la sensación de algo te envuelve (en realidad son las vibraciones de los cuencos). Es increíble. ¡¡Te veo pronto!!
Hola tocaya… Parece que hoy me encuentro con este post como si el destino me hubiese llevado a él… Yo soy de las que no puedo parar… La vida me ha ido enseñando a reconocer el valor de la lentitud, de la pausa, de la reflexión, pero me cuesta MUCHO aplicarlo y llevarlo a la práctica… Podría echar la culpa a esta profesión ingrata a la que decidí dedicarme (publicidad) o a que el no tener familia cerca lo hace todo muy complicado… Pero realmente es algo que tengo que trabajar… Después de un par de meses de locura: mucho mucho trabajo, un evento blogueril añadido, un blog que echaba humo, varios trabajos freelance y todolodemás (marido, casa, niña, etc etc) me dió el bajonazo, ese que era anunciado y sabía que llegaría… Este finde estoy en casa medio mala pagando la falta de lentitud en mi vida… Y ahora me digo: no volverá a pasarme… Y ni me lo creo yo… Así que apuntado en una nota esa recomendación… Que me llega en el momento más oportuno… Y lo de los cuencos tibetanos lo usamos en un evento de la agencia… mmmmm me parece muy muy interesante. Un besazo y gracias por la necesaria reflexión…
¡Cómo te entiendo, Laura! Bajonazos de esos yo también he tenido unos cuantos. A veces me siento como en una noria de la que no puedo bajar (o me da miedo bajar, por miedo a quedarme parada….) y al final te das cuenta de que no merece la pena porque, de esta forma, la vida pasa cien veces más rápido y, lo peor de todo, es que se disfruta menos. Evidentemente todas las circunstancias que describes no te lo ponen fácil, pero también es verdad que hay gente con las mismas o incluso más responsabilidades que nosotras que se toma la vida de una forma mucho más calmada… En fin, que hay que intentarlo. Si todos lo hiciéramos la vida no sería esta jauría de locos en la que nos ha tocado vivir….Un beso, tocaya!
Precisamente tengo pendiente leer ambos títulos de Carl Honoré desde hace muuuuucho tiempo, y ahora tras leer tu post tengo el aliciente para no dejarlo pasar más, así que esta semana mismo me paso por la biblio para sacarlos.
Muchas gracias por tan necesaria reflexión sobre el ritmo de vida que llevamos y sobre la cultura del slow down, yo también pienso que seríamos más felices si la practicáramos más, aunque muchas veces, incluso aunque te lo propongas, es complicado tal y como la sociedad moderna (al menos occidental como tú dices) plantea la vida, sobre todo para la mujer, que ha visto cómo con su incorporación al trabajo (fuera de casa) ahora tiene más retos que conseguir. Y que no se me malinterprete, que me parece un avance genial que podamos cultivar nuestra faceta profesional y llegar tan lejos como nos propongamos, pero que todo tiene su pros y sus contras, y los de la liberación femenina son, entre otros, que a menudo no ya los demás y la sociedad en general, sino nosotras mismas queremos hacer un sinfín de cosas: trabajar, seguir estudiando, hacer deporte, practicar idiomas, tener una prolífica vida social sin descuidar la familiar, y si encima a eso le añades un nuevo miembro en la familia como nos pasa a muchas de nosotras, apaga y vámonos!
Cuánta razón tienes en que no sabemos manejar la espera… Me ha hecho mucha gracia lo de que esperamos que nuestros contactos nos respondan al instante un mail, correo, WhatsApp, DM. Y mira que, aunque me dedique a ello y me encanta, creo que las redes sociales virtuales tienen mucho que ver en este frenesí y en esa incapacidad para saber esperar, las redes sociales han instaurado la cultura de la inmediatez, y para algunas cosas está muy bien, pero no tanto para otras. Creo que potencian nuestra impaciencia en lugar de la paciencia, y lo dice una que reconoce ser algo impaciencie (por suerte, cada vez consigo ser más paciente para todo).
Así que sí, tenemos claro el objetivo pero no cómo conseguirlo. Personalmente trato de bajar el ritmo durante los findes, ya que entre semana me resulta más complicado. Pero cuando llega el finde, trato de hacer una vida bastante offline, incluso creo que es muy buena idea no llenarse la agenda de un montón de planes y dejarse algún ratito para directamente no hacer nada, descansar tranquilamente en el sofá, en la piscina o en el jardín. En cuanto al trabajo, yo que también soy freelance creo que la clave está en aceptar un volumen de trabajo comedido para no tener la sensación de que vas ahogada (sí, tienes menos ingresos, pero por el contrario más tiempo libre y menos estrés, y eso a veces no lo paga el dinero). Y por cierto, ahora ya sabes por qué no soy de las blogueras que publica ni mucho menos todos los días! Tendría que sacrificar horas de dedicación a la Duendecilla, o incluso al sueño (que alguna vez lo he hecho, como el día que me acosté a las 2 de la mañana para terminar el post del post-15J
) pero teniendo en cuenta lo ya de por sí poco que duermo por la nenita, ni me lo planteo.
Gran post, Laura, enhorabuena!! Un besote
¡Muchas gracias, Beltzane! La verdad es que suscribo cada una de tus palabras. Yo, como tú, creo que muchas mujeres nos hemos cargado sobre los hombros un montón de responsabilidades que hemos asumido como nuestras (y lo peor de todo: intransferibles). En el fondo yo creo que nos encanta esa sensación de ser un poco superwomans, de que podemos con todo; queremos demostrar que, como decía Simone de Beauvoir, somos “el sexo fuerte”, y claro, en los tiempos que corren esto es muy peligroso porque es muy fácil caer en el estrés, en el agotamiento e incluso en la frustración por no poder abarcarlo todo. Hay que abarcar menos (tanto en el trabajo, como tú dices, como en la vida personal) y si en esta etapa de la vida, en la que nuestra función principal es la de ejercer de madres, no podemos hacer lo mismo que antes (yo no leo NADA desde que di a luz), pues hay que aceptarlo y punto. No sirve de nada comerse la cabeza o quitarse horas de sueño, como tú dices (Martina tampoco duerme bien, así que te entiendo perfectamente); ya llegará la época en la que retomemos los hobbies olvidados. Sin agobios, sin prisas, sin remordimientos. Hay que intentarlo, chicas.