Yo siempre había querido una niña. En mi mente pre madre me imaginaba poniéndole vestiditos (no ñoños, por supuesto), zapatitos, gorros, pendientes, bolsitos… Todas esas cosas con las que martirizamos a las niñas. Y por fin, llegó. Martina es una niña, sí, pero no una de esas que yo me había imaginado; me explico: los gorros se los quita de un manotazo, le encanta tirarse en el sofá a lo Hulk Hogan, en la piscina se lanza al agua como si estuviera poseída y en la guarde ya nos han “leído la cartilla” más de una vez por sus mordiscos. En fin, que me ha salido una niña más bruta que las alpargatas de Algarrobo. Sigue leyendo
Arnidol: siete letras mágicas
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